Cultura

Leyendas Urbanas del Metro para no dormir

Desde su inauguración en 1969, el Sistema de Transporte Colectivo (STP) Metro, es fundamental en la vida de los habitantes de la Ciudad de México. Sin embargo, a lo largo del tiempo este medio de transporte ha sufrido acontecimientos polémicos que llevó a los usuarios a generar mitos y Leyendas Urbanas del Metro.

Se conoce como ‘Leyenda Urbana‘ a todo aquel relato que se caracteriza por ser inverosímil o sobrenatural, ciertamente, estos mitos surgen a raíz de rumores, especulaciones, creencias, suposiciones u otro elemento que haga de su existencia popular.

El caso del Metro es interesante, puesto que su longevidad como medio de transporte lo volvió objeto de experiencias buenas y malas entre los pasajeros, esto se debe a tragedias ocurridas o hechos escalofriantes que dieron de qué hablar en su momento.

Pero ¿Y qué tiene de relevante el Metro?

El Metro de la Ciudad de México, aborda un promedio de noventa y tres millones de pasajeros al año, y entre tantas opiniones es inevitable conocer la historia de un evento que causó revuelo y especulaciones a través del tiempo hasta llegar múltiples conclusiones del suceso para generar leyendas Urbanas del Metro.

Ahora bien, que se tenga el entendimiento de un rumor con poca información suele dejar en duda sobre qué pasó en realidad, con todo lo anterior, es comprensible el por qué se tergiversa un mensaje.

Con respecto al Metro, las historias que habitan en el son demasiadas y cada tiene su peculiaridad, no obstante, nos enfocaremos en aquellas que dejaron un mal sabor de boca debido a lo espeluznantes que resultaron ser.

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El equipo de Dame Kiu, salió a conseguir testimonios de usuarios que hayan experimentado algunas de las siguientes Leyendas urbanas del Metro, esto fue lo que consiguieron:

  1. La Mujer Sonriente

Cuenta la leyenda que en los vagones del metro se aparece el ente de una mujer desaliñada y con una sonrisa estremecedora de oreja a oreja. El espectro, suele manifestarse en la noche cuando ya no existe afluencia.

Leticia Navarro, pasajera frecuente de la línea 3, nos contó una experiencia poco usual que le sucedió después de salir del trabajo; esto fue lo que nos relató:

“Yo nunca salí tarde de la chamba, pues, mi familia siempre me espera para cenar y ahí una que otra cosa para checar, pero, un día me dijeron que mi compañera tuvo un contratiempo y no había quién cerrara el puesto, al principio no quería, aunque, preferí echarle la mano a mi amiga y me apunté. Todo salió bien, hice mi corte, limpié y cerré, cuando vi el exterior ya estaba bien obscuro y decidí irme rápido porque una nunca sabe, hice diez minutos de la tienda al metro, eran como las 11 de la noche y todavía se veía uno que otro chavo, posiblemente también regresaban del trabajo o no sé, nunca me fijo en lo que hace la demás gente.

«El metro llegó y me subí muy tranquila porque no había nada de personas, en ese momento pensé que tuve buena suerte, porque me tocó solo el vagón, mi sorpresa fue cuando arrancó el tren y las puertas se cerraron; uno pensaría “No, ya no se mete nadie”, cuando de pronto veo una señora sentada en la esquina -creí que se metió sin darme cuenta- más no fue así, me empecé a sentir algo incomoda porque la señora de unos 40 – 60 años se me quedó viendo, creí que la mujer vio algo raro en mí, ya que se me quedó viendo, pero no, solo me sonrió.

«Así siguió hasta que su boca se estiró macabramente; en eso que se levanta, yo solo me quedé paralizada, pensaba: “en qué momento esa chatarra llegará”. Me hice distraída y no le tomé importancia hasta que vi que se empezó a acercar a mí, gracias a Dios, fue que logré ver la luz blanca de la estación, cuando se estacionó que me salgo como bala, ya solo me esperé a otro vagón y me subí con más personas. Curiosamente, cuando me salí, la mujer ya no estaba.”

  1. Los Gritos en Tacubaya

Una de las leyendas urbanas del metro más famosas, corre el rumor que después de la hora de cierre en la estación Tacubaya en la línea 9, gritos desgarradores llenan el espacio del andén, que crean una atmosfera de miedo. Se desconoce el origen de estos, pues varios testimonios comentan que los escalofriantes lamentos llenan de miedo a todo aquel que los escuche.

De acuerdo con Alberto Méndez, vendedor ambulante, explicó una experiencia similar que le sucedió:

 “Yo siempre procuro trabajar en el día para evitar irme tarde del metro, porque ahora si como dicen: aquí espantan. Hubo una vez que no se me vendió nada y me tuve que quedar bien noche para ver si alguien me compraba mis plumas; yo vivo en el estado, y decidí tomar ‘la café’ (Línea 9) para terminar y de paso irme a mi casa.

«El tren luego hace sus paradas y me ayuda a generar tiempo y pasarme entre vagones a ofrecer mis artículos, justamente nos quedamos en Tacubaya, recuerdo que esa noche no eran ni las once y ya casi no había personas, y lo poco que pudiera vender lo iba a aprovechar. En eso, escuché los gritos de una señora que provenían del túnel, creí estar loco y accedí a otro furgón, igual que en los demás no conseguí vender nada.

«Me di por vencido y me senté, aunque, de puro reojo vi un grupito de gente en la parte trasera del tren y decidí intentarlo, pero solo cuando salí, escuché los gritos de muchas personas de manera que parecieran estar muriendo de dolor y volteé en dirección al túnel y esta vez se veía bien negro, ni las luces del tren se veían. Quedé perplejo por tales sonidos que mi trance fue interrumpido por el aviso de cierre de puertas y sin dudarlo me metí para no bajarme hasta mi destino”.

  1. El Fantasma de las Vías

Esta leyenda surge a raíz de una historia sobre una entidad que se aparece en las vías del tren en búsqueda de venganza y descanso final.

Patricia Maya, ex trabajadora del Metro, nos relató una historia que conoció durante sus años en el equipo del transporte colectivo. A continuación, su testimonio:

“Me contaron de un hombre del metro que trabajaba en vías después del cierre, una vez el señor estaba laborando en los rieles, normalmente los conductores les avisan cuando está trabajando el personal. Sin embargo, hubo un suceso que impidió avisar. Este señor estaba ahí, entonces, un tren lo arrolló, pero nunca se percató el conductor y tampoco el personal alrededor.  

«Al día siguiente, ante la ausencia del fallecido, los trabajadores de la estación pensaron que el señor se fue a comer y ya no regresó; para esto, al momento de meter al garaje los trenes, se percataron que un tren tenía sangre, empiezan a revisar y encontraron la bota con el pie del señor. Investigaron qué pasó y dieron con la credencial del trabajador de vías, descubrieron que, después de arrollar al señor el transcurso del rodar del tren no se detuvo por lo que destrozó al señor.

«Después de conocer la identidad de la credencial y bota, supieron que fue el señor, le avisaron a la familia y dieron fin al asunto; desafortunadamente, nunca se supo pues quién lo arrolló. Pasó el tiempo, entró un conductor nuevo, en sus primeros viajes estaba conduciendo y cuando llega a la terminal le dijo a su jefe; ‘Por qué no me avisaron que había personal trabajando en vías’-le replicó- ‘no, es que no hay personal’, muy consternado respondió: ‘si hasta creo que me dijo su nombre’.

«Muy intrigado su jefe lo cuestionó, ‘¿Cómo es?’, por lo que su superior le enseñó una foto y le preguntó: ¿es él? El nuevo afirmó ‘Si, me saludo y todo’, le explicaron que ese señor ya está muerto. Pasó un tiempo y el conductor contrajo diabetes, un amigo me contó que un año siguiente a dicha platica, murió.”

Las historias de terror surgen con motivo de provocar miedo en sus seguidores, al fin al cabo, muchos relatos fueron creados de boca en boca por el público hasta llegar a lo que hoy conocemos.

Siempre es bueno no creer todo lo que se menciona a menos que haya sido investigado y eventualmente, aprobada su autenticidad, mientras tanto ¿ya conocías estas leyendas urbanas del metro?

 

 

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