La importancia del último hogar en el Día de Muertos
Texto en colaboración con Emiliano Cruz y André Madinabeitia
Llamado por algunos “el cementerio más bello de Ciudad de México”, el Panteón Francés de La Piedad contiene mausoleos y tumbas de las más antiguas y emblemáticas del país, y ayuda a tener presente la importancia del último hogar y el valor que hay en recordar.
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Los panteones se transforman en un lugar especial para rememorar y honrar a los seres queridos, y en la celebración del Día de Muertos en México conservan un aura característica y cobran un significado particular para las personas.
Las prácticas del Día de Muertos también son una expresión artística, cultural y en algunos casos social, que simbolizan la riqueza de las tradiciones mexicanas. Una estructura arquitectónica como las tumbas o mausoleos, diseñadas para albergar los restos de una persona, se transforman en espacios sagrados y de encuentro entre los vivos y los muertos.
Este día, las personas se reúnen en los panteones para enaltecer a sus seres queridos fallecidos, decorar sus tumbas y recordar sus vidas para mantener activo el vínculo con los que ya no están en cuerpo.
Visitar una tumba en Día de Muertos es una tradición que ha perdurado durante mucho tiempo. En esta costumbre la muerte se entiende como una continuación de la vida en otro plano y los muertos regresan para convivir con sus seres queridos.
Sin importar cuáles sean las creencias existentes, estos lugares representan una divinidad en la vida de las personas, y el respeto hacia un panteón es vital para igualmente ofrecer honra y consideración a los difuntos. El Panteón Francés es más que un espacio en Día de Muertos. Al conmemorar la muerte, este sitio se convierte en un escenario lleno de vida, donde la partida de un ente no es el fin, sino otra ocasión en la que se celebra a la gente a través de los recuerdos.
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