La hipocresía detrás de ‘Lady Racista’
Apenas arrancó julio y la Ciudad de México quedó marcada por la aparición de ‘Lady Racista’ y una marcha en contra de la gentrificación, que -por alguna extraña razón- se convirtió en protesta opositoria al conflicto palestino, terminando en mitín anárquico donde con respaldo en la ‘iconoclasia’ ocurrieron destrozos en distintos puntos de las colonias Roma y Condesa.
Sería esta última colonia donde Ximena Pichel, de origen argentino, entró en riña ante un oficial de tránsito debido a una ‘araña’ que se le colocaría en su auto, esto a la mujer no le gustaría y como acto en defensa, prefirió alegar e insultar al oficial con comentarios discriminatorios, no contaría con que sus acciones fueran filmadas y se volviera viral en redes sociales, en las cuales los internautas la apodaron ‘Lady Racista’.
Muchos defendieron la integridad del oficial, ya que al final del día estaba haciendo su trabajo. El odio, fue directamente a Pichel; a pesar de ello, lo que significó ‘Lady Racista’ es solo la punta de un gigantesco iceberg hecho totalmente de hipocresía mexicana.
¿Y por qué hipocresía?
El término hipocresía significa la falsedad de un individuo dentro de sus acciones, palabras, personalidad y emociones. El mexicano, es hipócrita por naturaleza, podría dar múltiples ejemplos, aunque, el caso de ‘Lady Racista’ es relevante ya que después de haberla escuchado decir: “pinche negro”, el mexicano se vio indignado por la falta de respeto y racismo emitido por la mujer.
La hipocresía ocurre un día antes, ya que a lo largo de las marchas el mismo mexicano gritó: “pinche gringo” -mismo sujeto, distinta definición-, y aquí no se dijo nada. Incluso muchos se sumaron a la causa para tachar al extranjero como enemigo.
Si bien, fueron dos contextos distintos: uno buscaba la lucha en contra del desplazamiento de viviendas debido al incremento de precios, así como la discriminación perteneciente a los establecimientos y extranjeros que conviven en las colonias; y otro, fue un conflicto civil entre un policia y una mujer.
La unión que existe entre estos eventos es la xenofobia generada por la sociedad, puede que el caso de ‘Lady Racista’ sea distinto a este concepto ya que no estuvo involucrada en los actos del 4 de julio. Sin embargo, su popularización llegó durante un momento controversial, por lo que su altercado sólo incrementó la tensión.
Sonará irónico, mas, qué pasaría si ‘Lady Racista’ se hubiera viralizado meses atrás cuando la policía citadina desplazó a los vendedores ambulantes de la Alameda Central. Las cosas se verían distintas, la fama de Ximena Pichel podría tener gente a su favor y la policía tendría en contra debido al resentimiento de la gente ante los hechos ocurridos.
Digo, son meras suposiciones, el punto aquí es cómo las masas pueden ser tan manipulables. Hoy se enaltece la figura del policía, pero cuando a uno le toca lidiar con la ley solemos utilizar insultos relacionados con su físico, estereotipos, profesión, etc… algunos optan por deslindarse del problema y acceder a la famosa mordida. Y esto es hipocresía.
Con qué derecho exigimos al extranjero parar las deportaciones junto con las represalias provenientes de los gobiernos por el simple hecho de ser mexicanos, mientras aquí insultamos, destrozamos, pintamos, inclusive amenazamos lo que tanto se critica. ¿Hipócrita no es así?
Desafortunadamente, la culpa no viene del ‘gringo’ ni de ‘Lady Racista’, sino de nosotros. En lo que toca a la nacionalidad de Ximena en sí no es el problema, sino este se refleja en el resentimiento de una sociedad hipócrita sin falta de criterio que sólo observa y no razona.
Pesa aceptar que esto son solo herramientas para que a un gobierno le sea más fácil controlar masas, dado que, si México no tiene la capacidad de ser crítico sobre su entorno y lo que pasa en su día a día, difícilmente puede exigir un cambio; pues, además de hipócritas, somos olvidadizos. Hoy nos quejamos de la gentrificación, hace tres años “recibimos con los brazos abiertos” a los nómadas digitales.
De ninguna manera se busca minimizar ni justificar los actos ocurridos. Sí, se debe alzar la voz cuando se requiere y luchar por lo que en realidad vale la pena sin perder el sentido. No tolerar ni hacer faltas de respeto, por más adversa que sea la situación.
El objetivo es volver a la sociedad más crítica de sus decisiones, no dejarse influenciar por lo que se ve ni seguir movimientos hipócritas sin antes estar informados. El cambio inicia desde uno mismo, posteriormente tocará ajustar cuentas con los gobiernos; por ahora, faltará mucho por recorrer hasta reducir los problemas y encontrar soluciones.
Bien lo dice la frase: “El peor enemigo de un mexicano es otro mexicano”; pero, cuando el mexicano se harta de sí mismo, busca a quién convertir en su enemigo.